Capital Federal:
Av. Córdoba 1335
Piso 7 depto "A"
Turnos al Tel:
(011)4856-7251
(011)15-5007-3098
Buenos
Aires, Argentina
Diagnóstico
- Sobrepeso y Obesidad
La exploración clínica de pacientes con sobrepeso
incluye la medida de la estatura, peso, perímetro de cintura
y de cadera, así como la presión arterial. El valor
de estos parámetros proporciona numerosos e importantes
indicios. Si el peso supera en un 10% el peso teórico según
Broca (el peso en kg corresponde a la estatura en cm menos 100)
existe sobrepeso y, si supera el 20%, se diagnostica obesidad.
El índice de Broca es inadecuado para el diagnóstico
en la infancia.
El cociente cintura/cadera en hombres normopesos es de 1,0 y de
0,85 en mujeres. Entre los 7 y 15 años de edad, la relación
cintura/cadera oscila entre 0,85 y 0,74 en chicos y entre 0,89
y 0,75 en chicas. A partir de un perímetro de cintura de
94 cm en hombres y 80 cm en mujeres ya aumenta el riesgo de complicaciones.
Todavía más patente es el riesgo a partir de 102
cm en hombres y de 88 cm en mujeres.
La medición de los pliegues de grasa subcutánea
del tríceps y supraescapulares mediante un instrumento especial
(calibre) nos aporta información sobre el tejido adiposo
subcutáneo. Esta medida también está sujeta
a las oscilaciones fisiológicas propias de la edad y específicas
de cada sexo. Los hombres adultos sanos muestran un grosor del
pliegue del tríceps de entre 0,5 y 2,5 cm (valor medio 1,2
cm) y las mujeres adultas sanas entre 1,2 y 3,4 cm (valor medio
2,0 cm). También se dispone de valores normales para niños.
En opinión de la Sociedad Alemana de la Obesidad, la extrapolación
de este parámetro a la grasa corporal conlleva un error
de gran amplitud.
Otros métodos posibles son las mediciones de la proporción
de grasa corporal mediante tomografía computarizada, que
implica un aumento de la exposición a la radiación
y que proporciona valores imprecisos. La resonancia magnética
conlleva gastos elevados, como también el método
de absorciometría fotónica dual de rayos X. La espectromía
infrarroja y los métodos ecográficos proporcionan
resultados incorrectos. Todos estos métodos resultan inadecuados
para el diagnóstico rutinario.
Determinación del índice
de masa corporal (IMC)
Este método se ha impuesto en los últimos años.
Se obtiene del cociente de dividir el peso corporal entre el cuadrado
de la estatura en cm. El IMC se correlaciona muy bien con la proporción
de grasa subcutánea, grosor de los pliegues cutáneos
y de la masa grasa corporal. También existen relaciones
significativas entre el IMC y la presión arterial, así como
con los lípidos séricos.
Estas oscilaciones fisiológicas fueron ya consideradas
por Rolland-Cachera y colaboradores en 1982 para la determinación
del IMC, confirmándose en posteriores estudios (Tablas II
y III). Los niños y jóvenes situados entre los percentiles
de edad 90 y 97 padecen sobrepeso y los situados por encima del
percentil 97 obesidad.
Medición de la presión
arterial
La mayoría de las personas con sobrepeso muestra simultáneamente
una hipertensión arterial. La presión sistólica
sobrepasa los 140 mm de Hg y la diastólica se sitúa
por encima de los 90 mm de Hg. Los valores óptimos son:
presión sistólica < 120 mm de Hg y presión
diastólica < 80 mm de Hg. Para niños se dispone
de valores normales correspondientes a su edad.
Parámetros
de laboratorio
Otros importantes parámetros analíticos con valor
pronóstico son la glucemia en ayunas, colesterol total,
HDL y LDL, triglicéridos, ácido úrico, creatinina,
electrolitos y hormona tiroides (TSH). Las exploraciones técnicas
adicionales como el ECG y la ecocardiografía aportan información
de una implicación cardíaca, así como la medición
de la presión arterial a lo largo de 24 horas.
Diagnóstico
diferencial
En el síndrome de Prader-Willi encontramos una causa monogénica
de la obesidad (delección en el cromosoma paterno 15 [15q11-13]).
Los afectados muestran hiperfagia pronunciada, acumulación
adiposa en el tronco con retraso en el desarrollo. También
se produce hiposomía e hipogonadismo hipogonadotrópico.
Se denomina síndrome de Cushing al hiperadrenocorticismo
hipofisiario con la típica adiposis de tronco, “cuello
de toro” y cara de luna llena. En la mayoría de los
casos existe hipertensión arterial. El síndrome de
Laurence-Moon-Biedl-Bardet es una enfermedad muy rara que cursa
con obesidad, retinitis pigmentaria, retraso mental, malformaciones
en el cráneo y polisindactilia.
La obesidad nutricional que se produce en varones jóvenes
con macrosomía, recibe el nombre de gigantismo adiposo o
síndrome de Fröhlich y es sumamente rara. Los tumores
cerebrales (por ejemplo, el craneofaringeoma) con implicación
del hipotálamo también conducen a un trastorno del
equilibrio nutricional con sobrepeso. Una hipofunción tiroidea
adquirida (hipotiroidismo) sólo provoca un aumento moderado
del peso como resultado de la ralentización del metabolismo
y de la retención de líquido. Se presenta con mayor
frecuencia en mujeres ancianas. En el hipotiroidismo congénito
predomina el trastorno del desarrollo cerebral, un síntoma
posterior es la disminución del crecimiento corporal y el
desarrollo de tejido adiposo mixedematoso. La sintomatología
del hipertiroidismo incluye asimismo un aumento de peso. Por otra
parte, el hiperinsulinismo que se produce en tumores pancreáticos
y la disfunción ovárica (deficiencia de estrógenos)
en el síndrome ovárico poliquístico traen
consigo un aumento del peso.
Enfermedades asociadas a la obesidad
En los tejidos adiposos, además de la leptina se produce
angiotensinógeno, factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a)
y factor inhibidor del activador pasminógeno (PAI-I). Los
valores plasmáticos de estos factores son elevados en el
caso de aumento del tejido adiposo. Los siguientes factores probablemente
están implicados en la génesis de la obesidad:
Presión
arterial e insuficiencia cardíaca: un aumento
de la liberación de angiotensinógeno por los adipositos
es la causa más probable de la hipertensión arterial.
Por cada 10 kg de sobrepeso la presión sistólica
aumenta unos 3 mm de Hg y la presión diastólica unos
2 mm de Hg. Por último, en caso de hipertensión crónica
existe riesgo de una insuficiencia cardíaca izquierda.
Trastornos
del metabolismo de las grasas y enfermedad cardiaca coronaria: normalmente
los valores de triglicéridos y el
colesterol LDL son altos, mientras que el valor del colesterol
HDL es bajo. Esta asociación de lípidos unido a una
actividad física reducida conducen a una aterosclerosis
y, en último término, a la obstrucción de
las arterias coronarias.
Diabetes
mellitus de tipo II: como resultado del efecto inhibidor
del factor TNF-a sobre la transmisión de la señal
de la insulina, se produce una resistencia periférica a
la insulina con la subsiguiente diabetes mellitus de tipo II.
Las complicaciones
cerebrovasculares y las afecciones
tromboembólicas se explican por el
aumento de la liberación de PAI-I.
Síndrome
de apnea obstructiva del sueño: desencadenantes
de este síndrome son los depósitos de grasa abdominal
y la constricción de las vías respiratorias altas
como resultado de la acumulación de grasa en la parte superior
de la faringe. Un aumento del IMC de 4 kg/m2 cuadriplica el riesgo
de la apnea del sueño.
Síndrome
metabólico: los síntomas de obesidad
abdominal, diabetes mellitus de tipo II, hiper o dislipidemia,
hipertensión arterial o hiperuricemia conducen al establecimiento
de este diagnóstico.
Carcinomas: aproximadamente
el 30% de todos los carcinomas son inducidos por la alimentación,
entre los que se incluye el carcinoma de colon. Los adenocarcinomas
esofágicos están
relacionados con un IMC elevado.
Las enfermedades
del aparato locomotor debidas al sobrepeso pueden
explicarse fácilmente como resultado de la sobrecarga de
tendones y articulaciones.
Aumento de la mortalidad: con el aumento del IMC de 19-21,9
a más de 32 en mujeres, aumenta cuatro veces el riesgo
de muerte cardiovascular y se duplica la mortalidad total. Esta
correlación es especialmente notable en personas jóvenes
y desaparece a partir de los 75 años.