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Diagnóstico - Sobrepeso y Obesidad

La exploración clínica de pacientes con sobrepeso incluye la medida de la estatura, peso, perímetro de cintura y de cadera, así como la presión arterial. El valor de estos parámetros proporciona numerosos e importantes indicios. Si el peso supera en un 10% el peso teórico según Broca (el peso en kg corresponde a la estatura en cm menos 100) existe sobrepeso y, si supera el 20%, se diagnostica obesidad. El índice de Broca es inadecuado para el diagnóstico en la infancia.

El cociente cintura/cadera en hombres normopesos es de 1,0 y de 0,85 en mujeres. Entre los 7 y 15 años de edad, la relación cintura/cadera oscila entre 0,85 y 0,74 en chicos y entre 0,89 y 0,75 en chicas. A partir de un perímetro de cintura de 94 cm en hombres y 80 cm en mujeres ya aumenta el riesgo de complicaciones. Todavía más patente es el riesgo a partir de 102 cm en hombres y de 88 cm en mujeres.

La medición de los pliegues de grasa subcutánea del tríceps y supraescapulares mediante un instrumento especial (calibre) nos aporta información sobre el tejido adiposo subcutáneo. Esta medida también está sujeta a las oscilaciones fisiológicas propias de la edad y específicas de cada sexo. Los hombres adultos sanos muestran un grosor del pliegue del tríceps de entre 0,5 y 2,5 cm (valor medio 1,2 cm) y las mujeres adultas sanas entre 1,2 y 3,4 cm (valor medio 2,0 cm). También se dispone de valores normales para niños. En opinión de la Sociedad Alemana de la Obesidad, la extrapolación de este parámetro a la grasa corporal conlleva un error de gran amplitud.

Otros métodos posibles son las mediciones de la proporción de grasa corporal mediante tomografía computarizada, que implica un aumento de la exposición a la radiación y que proporciona valores imprecisos. La resonancia magnética conlleva gastos elevados, como también el método de absorciometría fotónica dual de rayos X. La espectromía infrarroja y los métodos ecográficos proporcionan resultados incorrectos. Todos estos métodos resultan inadecuados para el diagnóstico rutinario.

Determinación del índice de masa corporal (IMC)

Este método se ha impuesto en los últimos años. Se obtiene del cociente de dividir el peso corporal entre el cuadrado de la estatura en cm. El IMC se correlaciona muy bien con la proporción de grasa subcutánea, grosor de los pliegues cutáneos y de la masa grasa corporal. También existen relaciones significativas entre el IMC y la presión arterial, así como con los lípidos séricos.

Estas oscilaciones fisiológicas fueron ya consideradas por Rolland-Cachera y colaboradores en 1982 para la determinación del IMC, confirmándose en posteriores estudios (Tablas II y III). Los niños y jóvenes situados entre los percentiles de edad 90 y 97 padecen sobrepeso y los situados por encima del percentil 97 obesidad.

Medición de la presión arterial

La mayoría de las personas con sobrepeso muestra simultáneamente una hipertensión arterial. La presión sistólica sobrepasa los 140 mm de Hg y la diastólica se sitúa por encima de los 90 mm de Hg. Los valores óptimos son: presión sistólica < 120 mm de Hg y presión diastólica < 80 mm de Hg. Para niños se dispone de valores normales correspondientes a su edad.

Parámetros de laboratorio

Otros importantes parámetros analíticos con valor pronóstico son la glucemia en ayunas, colesterol total, HDL y LDL, triglicéridos, ácido úrico, creatinina, electrolitos y hormona tiroides (TSH). Las exploraciones técnicas adicionales como el ECG y la ecocardiografía aportan información de una implicación cardíaca, así como la medición de la presión arterial a lo largo de 24 horas.

Diagnóstico diferencial

En el síndrome de Prader-Willi encontramos una causa monogénica de la obesidad (delección en el cromosoma paterno 15 [15q11-13]). Los afectados muestran hiperfagia pronunciada, acumulación adiposa en el tronco con retraso en el desarrollo. También se produce hiposomía e hipogonadismo hipogonadotrópico. Se denomina síndrome de Cushing al hiperadrenocorticismo hipofisiario con la típica adiposis de tronco, “cuello de toro” y cara de luna llena. En la mayoría de los casos existe hipertensión arterial. El síndrome de Laurence-Moon-Biedl-Bardet es una enfermedad muy rara que cursa con obesidad, retinitis pigmentaria, retraso mental, malformaciones en el cráneo y polisindactilia.

La obesidad nutricional que se produce en varones jóvenes con macrosomía, recibe el nombre de gigantismo adiposo o síndrome de Fröhlich y es sumamente rara. Los tumores cerebrales (por ejemplo, el craneofaringeoma) con implicación del hipotálamo también conducen a un trastorno del equilibrio nutricional con sobrepeso. Una hipofunción tiroidea adquirida (hipotiroidismo) sólo provoca un aumento moderado del peso como resultado de la ralentización del metabolismo y de la retención de líquido. Se presenta con mayor frecuencia en mujeres ancianas. En el hipotiroidismo congénito predomina el trastorno del desarrollo cerebral, un síntoma posterior es la disminución del crecimiento corporal y el desarrollo de tejido adiposo mixedematoso. La sintomatología del hipertiroidismo incluye asimismo un aumento de peso. Por otra parte, el hiperinsulinismo que se produce en tumores pancreáticos y la disfunción ovárica (deficiencia de estrógenos) en el síndrome ovárico poliquístico traen consigo un aumento del peso.

Enfermedades asociadas a la obesidad

En los tejidos adiposos, además de la leptina se produce angiotensinógeno, factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a) y factor inhibidor del activador pasminógeno (PAI-I). Los valores plasmáticos de estos factores son elevados en el caso de aumento del tejido adiposo. Los siguientes factores probablemente están implicados en la génesis de la obesidad:

Presión arterial e insuficiencia cardíaca: un aumento de la liberación de angiotensinógeno por los adipositos es la causa más probable de la hipertensión arterial. Por cada 10 kg de sobrepeso la presión sistólica aumenta unos 3 mm de Hg y la presión diastólica unos 2 mm de Hg. Por último, en caso de hipertensión crónica existe riesgo de una insuficiencia cardíaca izquierda.

Trastornos del metabolismo de las grasas y enfermedad cardiaca coronaria: normalmente los valores de triglicéridos y el colesterol LDL son altos, mientras que el valor del colesterol HDL es bajo. Esta asociación de lípidos unido a una actividad física reducida conducen a una aterosclerosis y, en último término, a la obstrucción de las arterias coronarias.

Diabetes mellitus de tipo II: como resultado del efecto inhibidor del factor TNF-a sobre la transmisión de la señal de la insulina, se produce una resistencia periférica a la insulina con la subsiguiente diabetes mellitus de tipo II.

Las complicaciones cerebrovasculares y las afecciones tromboembólicas se explican por el aumento de la liberación de PAI-I.

Síndrome de apnea obstructiva del sueño: desencadenantes de este síndrome son los depósitos de grasa abdominal y la constricción de las vías respiratorias altas como resultado de la acumulación de grasa en la parte superior de la faringe. Un aumento del IMC de 4 kg/m2 cuadriplica el riesgo de la apnea del sueño.

Síndrome metabólico: los síntomas de obesidad abdominal, diabetes mellitus de tipo II, hiper o dislipidemia, hipertensión arterial o hiperuricemia conducen al establecimiento de este diagnóstico.

Carcinomas: aproximadamente el 30% de todos los carcinomas son inducidos por la alimentación, entre los que se incluye el carcinoma de colon. Los adenocarcinomas esofágicos están relacionados con un IMC elevado.

Las enfermedades del aparato locomotor debidas al sobrepeso pueden explicarse fácilmente como resultado de la sobrecarga de tendones y articulaciones.

Aumento de la mortalidad: con el aumento del IMC de 19-21,9 a más de 32 en mujeres, aumenta cuatro veces el riesgo de muerte cardiovascular y se duplica la mortalidad total. Esta correlación es especialmente notable en personas jóvenes y desaparece a partir de los 75 años.

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