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Educación
nutricional en niños y jóvenes
Los problemas de la obesidad infantil no se solucionan con una
dieta sino con una verdadera educación nutricional que incluya
información constatada y hábitos saludables.
Padres, maestros, médicos nutricionistas y pediatras deben
ofrecer a los niños información y educar con el buen
ejemplo, para que estos hábitos puedan ser incorporados.
En los últimos años ha disminuido el consumo de
cereales, legumbres y verduras, y ha aumentado la ingestión
de grasas saturadas (galletitas, dulces, chocolates).
El perfil calórico adecuado para los niños debe
ser: 10-15% de proteínas, 35% de grasas y 50 a 60% de hidratos
de carbono. El perfil lipídico de la ingesta adecuada de
alimentos es de un 7% de kilocalorías de ácidos grasos
saturados, de un 13 a 18% de mono insaturados y de un 10% de poli
saturados.
Este perfil puede lograrse mediante una dieta de gran variedad
de alimentos, en 5 tomas diarias.
Se ha comprobado que el modelo de alimentos entre los escolares
es claramente desequilibrado. Se consumen muchas más proteínas
y lípidos de lo recomendado y se restan hidratos de carbono.
Este hecho provoca que escaseen en los niños algunos nutrientes
como el folato, la vitamina D, el zinc, el calcio, el hierro y
el magnesio.
La infancia es la etapa en la que se forman los hábitos
alimentarios que durarán toda la vida. Si estos hábitos
son adecuados, la alimentación será correcta durante
la madurez. La responsabilidad de la educación nutricional
recae fundamentalmente en padres y pediatras, que deben preocuparse
para que el niño aprenda a comer adecuadamente.
En adolescentes, algunos de los factores que pueden explicar los
cambios alimentarios son: el sedentarismo, las largas horas frente
al televisor, las carencias en el desayuno, y la obsesiva preocupación
por el peso.
Un alto porcentaje de las enfermedades en la edad adulta son debido
a estilos de vida y dietas llevados a cabo desde la infancia incluso
durante la etapa de gestación del feto. El 70% de los infartos
cerebrales, por ejemplo, se producen por el exceso de sal en las
comidas y el consiguiente hábito adquirido durante nuestra
edad temprana.
Consejos
para una vida saludable
1- Equilibrio. Una buena alimentación, ejercicio físico
y un modo de vida saludable previenen enfermedades y aseguran una
buena calidad de vida.
2- Educación. La educación nutricional y el fomento
del deporte deben iniciarse desde la infancia y esta debe ser prioridad
para nuestra sociedad.
3- Ejemplo. Los adultos deben dar un buen ejemplo con hábitos
alimentarios saludables a niños y adolescentes.
4- Pautas saludables. Es responsabilidad de los maestros y los
padres establecer los hábitos de vida saludable sobre nutrición,
fomentando a la vez la práctica deportiva y limitando las
actividades ligadas al ocio sedentario, comer en exceso de horas
frente al televisor, la utilización de la computadora o
los videojuegos.
5- Comer de todo es comer sano. Los alimentos no son buenos o
malos en sí mismos, lo importante es el equilibrio y la
proporción de su consumo.
6- El ejercicio físico es más que salud. La situación
nutricional de los niños y jóvenes pueden mejorarse
diseñando una estrategia basada en el conocimiento, la actitud
y la conducta. La práctica deportiva es conveniente más
allá de sus beneficios físicos, por sus contribuciones
en la formación integral de la persona y su desarrollo psíquico,
necesarios para alcanzar la madurez.
7- Consumir mucho líquido. En general los jóvenes
toman menos líquidos de lo aconsejado. El consumo de agua,
jugos y bebidas debe llegar a una cantidad de 2 a 2,5 litros por
día.
8- Compromiso de los gobernantes. Los poderes públicos
tienen una responsabilidad clave en la decisión de los programas
de educación en colegios y universidades.
9- El urbanismo. Las ciudades deben recuperar y desarrollar espacios
que permitan la práctica de estos hábitos de vida
saludable.
10- En conclusión. Una alimentación variada y equilibrada
junto a un aumento de la actividad física, tienen una repercusión
positiva en la salud y el bienestar personal.